Los agustinos en San Germán

Serie Vida Consagrada
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El día 15 de abril de 1986 se tuvo una comida en el Centro de Convenciones de San Germán, en cuyo final no faltaron los discursos de algunos asistentes, como del Obispo Mayagüez, Ulises Casiano Vargas; del de Ponce, Fremiot Torres Oliver (ambos comentaron la influencia de los agustinos en el discernimiento de su vocación sacerdotal) y del acalde de San Germán, Alberto Ramos Comas. Luego se pasó a la iglesia parroquial de Santa Rosa de Lima para celebrar una Misa solemne, que fue presidida por el Obispo de Mayagüez y a la que asistieron el de Ponce; el P. General de los agustinos, Miguel Ángel Orcasitas; el P. Provincial de Castilla, P. Isidro de la Viuda; el Vicario regional de las Antillas, P. Vidal Ortega; el párroco, P. José Luis Diez Gabela, y un buen grupo de agustinos. Había que celebrar los cien años de presencia agustiniana entre nosotros.

Con la incalificable desamortización de Mendizábal, la provincia agustiniana de Castilla había quedado anulada. Los esfuerzos para recuperarla dieron fruto en 1881. Pero para conseguirlo hubo que prometer al gobierno español el compromiso de enviar misioneros a Cuba y Puerto Rico. Hechas las gestiones a principios de febrero de 1896 con el P. General de la Orden, Sebastián Martinelli, y con el Provincial de Castilla, Saturnino Sánchez, consiguen el pasaje para Puerto Rico los padres José V. de Alústiza, Jaime Ferrer, Antonio Echevarría y el hermano Esteba Melchor. Embarcan el 28 marzo y llegan a San Juan el 10 de abril. Después de conectar aquí con el obispo, el agustino recoleto P. Toribio Mingela, se encaminan a San Germán, a donde llegan el día 15.

No habían perdido el tiempo en el duro viaje de entonces, ni van a perderlo ahora, al hacerse cargo de la casa seminario de San Sebastián. La Catequesis, la atención a los enfermos, tanto en la ciudad como en los campos, etc., no les van dar tregua en el trabajo. A los poco meses se incorpora el P. Juan de Gorostiza, que luego será secretario de las visitas pastorales del Obispo de Puerto Rico.

En poco tiempo se ganan las simpatías y el cariño de los sangermeños. Pero eso no va a durar mucho. El 25 de julio de 1989 la armada estadounidense entra por Guánica para apoderarse de la isla. En San Germán, junto con los que no querían el mando español, estaban las asociaciones secretas que tampoco querían la presencia católica. Eso hizo que surgiera un temor de represión para estos sacerdotes, que tuvieron que salir de San Germán de noche, para llegar a Mayagüez en un carro de bueyes cedido por un tal Manolito. Les habían dicho que querían matarlos. Luego pudieron seguir hasta San Juan, de donde embarcaron para España el día 16 de octubre en el mismo barco que el gobernador, D. Manuel Macía.

En 1901 el ahora provincial de Castilla, José V. de Alústiza, que había vivido la experiencia de San Germán, creyó que las cosas habían cambiado y que era preciso volver a intentar el regreso. Hechas las gestiones oportunas, llegan a San Juan los padres Felipe Villahoz y Pedro de Arancibia, el día 28 de septiembre. El obispo Blenk les recibe amablemente y el 28 de noviembre llegan a San Germán, donde se encargan de la Parroquia como “regente” y “coadjutor”, respectivamente. El título de “párroco” no lo recibirán hasta más tarde por estar en propiedad de D. Justo Fanlo, paralítico. En 1903 llegan los padres Fernando Salteráin y Juan Larrínaga; en 1905 Juan Torner, Justino Blanco y el hermano fray Julián Mendía. El resultado es que ese mismo año ya están sirviendo los padres agustinos a San Germán, Lajas, El Rosario y Cabo Rojo. Su espíritu de arrojo y trabajo queda bien patente con este dato, dado que las comunicaciones de entonces no eran, ni mucho menos, como las de ahora.

Querer resumir todo un siglo en estas líneas es del todo imposible. Me remito al libro del P. Paulino Sahelices, de 420 densas páginas: “Los Agustinos en Puerto Rico, cien años de historia”; o al folleto del P. Domingo Aller con el mismo título (105 páginas), para divulgar este centenario; o a su tesis titulada: “Marginación y Recuperación de los campos de Puerto Rico, 1896-1940”. He oído aplicar a los agustinos aquel dicho: “Largos en facellas, parcos en contallas”. Como estamos acostumbrados a estadísticas, he aquí una lista de los sitios atendidos por ellos en la diócesis de Mayagüez durante estos cien largos años de historia:

  • San Germán de Auxerre, San Germán, del 15 de abril de 1896 a septiembre de1991.
  • Lajas, 10 de diciembre de1901-1931; y de 1941-1948.
  • El Rosario, 1904-1964; y 1971-1986.
  • Cabo Rojo, 1905-1988.
  • Maricao y las Marías, 1908-1915; y 1916-1925.
  • Aguadilla, 1912-1940.
  • Hormigueros, 1923-1929.
  • Toa Alta, Toa Baja y Dorado, 1931-1937.
  • Aguada, desde 1919 hasta hoy (el Vaticano de Puerto Rico)
  • Santa Rosa de Lima, San Germán, desde el 4 de octubre de 1967 hasta hoy.

A esto hay que añadir, en la zona metropolitana, el Colegio de San Agustín, la Academia de Santa Mónica (en sus salones estudiaron el arzobispo de San Juan, Roberto González, y el obispo de Caguas, Rubén González) y las parroquias de Lomas Verdes, Santa Juanita, Santurce y Monserrate. El Cardenal Luis Aponte Martínez siempre agradeció la formación recibida de los agustinos.

¿Para qué hablar de la dedicación a la administración de los sacramentos? Es el destino heredado del: “Se me ha dado todo poder en el cielo y la tierra… id…” (Mt. 28, 18). Bautismos, confesiones, comuniones, bodas, funerales… ¡Cuánto se ha andado, primero a lomos de caballo, administrándolos en casas particulares, si era necesario, y luego en las capillas que se fueron construyendo bajo sus auspicios!

A partir del relato de los hechos de los apóstoles (Act. 4,32) que “todos pensaban y sentían lo mismo; lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenían”, S. Agustín instituyó el monasterio, del que luego saldrían sacerdotes y obispos para el servicio de la Iglesia, desde su vida en comunidad.

“¿Para qué vivir juntos? Para compartir el camino hacia Dios. Sobre esta base, en la que tienen una particular importancia (además de la contemplación, el silencio y el diálogo) las relaciones humanas de amistad, de acogida, de compasión y reciprocidad, levanta Agustín la comunidad de vida que es fundamentalmente un acontecimiento espiritual. No es una construcción humana, sino que la unidad en caridad es obra del Espíritu Santo”. Son palabras del P. General de la Orden, con motivo del año de la vida consagrada.

La Orden Agustiniana sigue llevando su estilo en la diócesis de Mayagüez en dos parroquias: Santa Rosa de Lima en San Germán y San Francisco de Asís en Aguada.

P. Isaías Revilla, OSA.

frirevilla@hotmail.com

El día 15 de abril de 1986 se tuvo una comida en el Centro de Convenciones de San Germán, en cuyo final no faltaron los discursos de algunos asistentes, como del Obispo Mayagüez, Ulises Casiano Vargas; del de Ponce, Fremiot Torres Oliver (ambos comentaron la influencia de los agustinos en el discernimiento de su vocación sacerdotal) y del acalde de San Germán, Alberto Ramos Comas. Luego se pasó a la iglesia parroquial de Santa Rosa de Lima para celebrar una Misa solemne, que fue presidida por el Obispo de Mayagüez y a la que asistieron el de Ponce; el P. General de los agustinos, Miguel Ángel Orcasitas; el P. Provincial de Castilla, P. Isidro de la Viuda; el Vicario regional de las Antillas, P. Vidal Ortega; el párroco, P. José Luis Diez Gabela, y un buen grupo de agustinos. Había que celebrar los cien años de presencia agustiniana entre nosotros.

Con la incalificable desamortización de Mendizábal, la provincia agustiniana de Castilla había quedado anulada. Los esfuerzos para recuperarla dieron fruto en 1881. Pero para conseguirlo hubo que prometer al gobierno español el compromiso de enviar misioneros a Cuba y Puerto Rico. Hechas las gestiones a principios de febrero de 1896 con el P. General de la Orden, Sebastián Martinelli, y con el Provincial de Castilla, Saturnino Sánchez, consiguen el pasaje para Puerto Rico los padres José V. de Alústiza, Jaime Ferrer, Antonio Echevarría y el hermano Esteba Melchor. Embarcan el 28 marzo y llegan a San Juan el 10 de abril. Después de conectar aquí con el obispo, el agustino recoleto P. Toribio Mingela, se encaminan a San Germán, a donde llegan el día 15.

No habían perdido el tiempo en el duro viaje de entonces, ni van a perderlo ahora, al hacerse cargo de la casa seminario de San Sebastián. La Catequesis, la atención a los enfermos, tanto en la ciudad como en los campos, etc., no les van dar tregua en el trabajo. A los poco meses se incorpora el P. Juan de Gorostiza, que luego será secretario de las visitas pastorales del Obispo de Puerto Rico.

En poco tiempo se ganan las simpatías y el cariño de los sangermeños. Pero eso no va a durar mucho. El 25 de julio de 1989 la armada estadounidense entra por Guánica para apoderarse de la isla. En San Germán, junto con los que no querían el mando español, estaban las asociaciones secretas que tampoco querían la presencia católica. Eso hizo que surgiera un temor de represión para estos sacerdotes, que tuvieron que salir de San Germán de noche, para llegar a Mayagüez en un carro de bueyes cedido por un tal Manolito. Les habían dicho que querían matarlos. Luego pudieron seguir hasta San Juan, de donde embarcaron para España el día 16 de octubre en el mismo barco que el gobernador, D. Manuel Macía.

En 1901 el ahora provincial de Castilla, José V. de Alústiza, que había vivido la experiencia de San Germán, creyó que las cosas habían cambiado y que era preciso volver a intentar el regreso. Hechas las gestiones oportunas, llegan a San Juan los padres Felipe Villahoz y Pedro de Arancibia, el día 28 de septiembre. El obispo Blenk les recibe amablemente y el 28 de noviembre llegan a San Germán, donde se encargan de la Parroquia como “regente” y “coadjutor”, respectivamente. El título de “párroco” no lo recibirán hasta más tarde por estar en propiedad de D. Justo Fanlo, paralítico. En 1903 llegan los padres Fernando Salteráin y Juan Larrínaga; en 1905 Juan Torner, Justino Blanco y el hermano fray Julián Mendía. El resultado es que ese mismo año ya están sirviendo los padres agustinos a San Germán, Lajas, El Rosario y Cabo Rojo. Su espíritu de arrojo y trabajo queda bien patente con este dato, dado que las comunicaciones de entonces no eran, ni mucho menos, como las de ahora.

Querer resumir todo un siglo en estas líneas es del todo imposible. Me remito al libro del P. Paulino Sahelices, de 420 densas páginas: “Los Agustinos en Puerto Rico, cien años de historia”; o al folleto del P. Domingo Aller con el mismo título (105 páginas), para divulgar este centenario; o a su tesis titulada: “Marginación y Recuperación de los campos de Puerto Rico, 1896-1940”. He oído aplicar a los agustinos aquel dicho: “Largos en facellas, parcos en contallas”. Como estamos acostumbrados a estadísticas, he aquí una lista de los sitios atendidos por ellos en la diócesis de Mayagüez durante estos cien largos años de historia:

  • San Germán de Auxerre, San Germán, del 15 de abril de 1896 a septiembre de1991.
  • Lajas, 10 de diciembre de1901-1931; y de 1941-1948.
  • El Rosario, 1904-1964; y 1971-1986.
  • Cabo Rojo, 1905-1988.
  • Maricao y las Marías, 1908-1915; y 1916-1925.
  • Aguadilla, 1912-1940.
  • Hormigueros, 1923-1929.
  • Toa Alta, Toa Baja y Dorado, 1931-1937.
  • Aguada, desde 1919 hasta hoy (el Vaticano de Puerto Rico)
  • Santa Rosa de Lima, San Germán, desde el 4 de octubre de 1967 hasta hoy.

A esto hay que añadir, en la zona metropolitana, el Colegio de San Agustín, la Academia de Santa Mónica (en sus salones estudiaron el arzobispo de San Juan, Roberto González, y el obispo de Caguas, Rubén González) y las parroquias de Lomas Verdes, Santa Juanita, Santurce y Monserrate. El Cardenal Luis Aponte Martínez siempre agradeció la formación recibida de los agustinos.

¿Para qué hablar de la dedicación a la administración de los sacramentos? Es el destino heredado del: “Se me ha dado todo poder en el cielo y la tierra… id…” (Mt. 28, 18). Bautismos, confesiones, comuniones, bodas, funerales… ¡Cuánto se ha andado, primero a lomos de caballo, administrándolos en casas particulares, si era necesario, y luego en las capillas que se fueron construyendo bajo sus auspicios!

A partir del relato de los hechos de los apóstoles (Act. 4,32) que “todos pensaban y sentían lo mismo; lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenían”, S. Agustín instituyó el monasterio, del que luego saldrían sacerdotes y obispos para el servicio de la Iglesia, desde su vida en comunidad.

“¿Para qué vivir juntos? Para compartir el camino hacia Dios. Sobre esta base, en la que tienen una particular importancia (además de la contemplación, el silencio y el diálogo) las relaciones humanas de amistad, de acogida, de compasión y reciprocidad, levanta Agustín la comunidad de vida que es fundamentalmente un acontecimiento espiritual. No es una construcción humana, sino que la unidad en caridad es obra del Espíritu Santo”. Son palabras del P. General de la Orden, con motivo del año de la vida consagrada.

La Orden Agustiniana sigue llevando su estilo en la diócesis de Mayagüez en dos parroquias: Santa Rosa de Lima en San Germán y San Francisco de Asís en Aguada.

P. Isaías Revilla, OSA.

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