Nace nueva tradición en Sabana Grande

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Ha pasado poco más de un mes y el entusiasmo que despertó en los fieles continúa. Por más de 200 años la comunidad parroquial de Sabana Grande ha venerado en su Templo al santo agricultor, San Isidro Labrador. Este año,  inspirados en el mandato de salir a las periferias del Papa Francisco, por primera vez, el santo agricultor ha vuelto a los campos.

Esta iniciativa fue concretada por la Dra. Myrna Comas (ex-Secretaria de Agricultura), el agrónomo Ángel “Andy” Rivera y el Sr. Roberto Irizarry, liderados por Monseñor Rafael Méndez Vargas, nuestro Párroco.

San Isidro Labrador fue un humilde trabajador del campo, un jornalero, que vivió santamente junto a su esposa e hijo (ambos santos) durante el siglo XII, en “Mayrit”, la actual capital de España, Madrid.

Durante su novena, del 6 al 14 de mayo, cada día al salir el sol acompañó a los trabajadores del campo, en sus faenas durante todo el día. En la noche, era llevada por los agricultores al Templo, para la Santa Misa. Ha sido acogido en fincas dedicadas a la producción masiva de alimentos y también en pequeñas fincas familiares. Visitó igualmente otras dedicadas a la producción de ganado de carne y vaquerías, en fin, se ha paseado por toda la gama de empresas agrícolas del pueblo sabaneño, bendiciendo a los modernos herederos de San Isidro, sus tierras y frutos.  

No solo los agricultores sino toda la feligresía han quedado positivamente sorprendidos e impactados de la acogida de esta nueva tradición en nuestro pueblo. La misma que fue alabada por S.E.R. Monseñor Álvaro Corrada del Río, S.J. (Obispo de Mayagüez), en la Santa Misa, en la solemnidad de nuestro patrón, el pasado 15 de mayo.

Esperamos que el interés y devoción que nuevamente está brotando en nuestro pueblo hacia el santo agricultor, san Isidro Labrador y su esposa, santa María de la Cabeza, crezca hasta convertirse en un gran árbol bajo el cual puedan ser acogidos todos los sabaneños y en cuantos crezca su adhesión a este modelo de santidad.

Pedimos al Señor que todos podamos confesar, como por años han hecho los sabaneños: “Con la más firme confianza, tu protección invocamos, en ti Isidro fijamos, nuestra cristiana esperanza”.