Haciendo la diferencia, resurgimos de nuestras cenizas

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Ha transcurrido el tiempo, después de un mes y semana del azote del huracán queda mucho por reconstruir. El país reclama manos unidas, esfuerzo solidario y voluntad de ir adelante. Los funcionarios públicos están desbordados, es meritorio el esfuerzo continuo de muchos hombres y mujeres que se entregan sin reservas al servicio de todos. Gracias a cuantos nos manifiestan su solidaridad.

En nuestra parroquia El Salvador de Hormigueros también son muchos los que dan la mano, quienes hacen labor comunitaria, siendo voluntarios en el servicio desinteresado y generoso. Agradecemos su apoyo.

En medio de la precariedad y necesidad dan su tiempo y esfuerzo para servir. Donan sus bienes monetarios, enseres y muebles de hogar para asistir a quienes lo perdieron todo por el embate de los vientos, las inundaciones y los avatares que nos dejó este fenómeno de la naturaleza. Es un hecho que estas manifestaciones fraternales se repiten en nuestras comunidades parroquiales.

Hemos recibido ayudas de la diócesis, que reparte lo que ha sido enviado desde la Iglesia de Estados Unidos y otras latitudes. Gracias  a nuestro Obispo por su cercanía y solidaridad con todas las comunidades parroquiales. Gracias a los bienhechores y benefactores de muchos lugares quienes posibilitan con su generosidad que podamos ayudar a nuestros hermanos con mayor necesidad.

Tuvimos la visita de dos jóvenes de Oregon, una de ellas oriunda de nuestra comunidad, quienes dedicaron sus vacaciones a ayudarnos. Tomaron sierra, machete y estuvieron removiendo escombros en un área recreativa detrás de una de nuestras capillas. Aunque es terreno público, correspondiente al gobierno municipal, es comprensible que ante la tarea inmensa de los servidores públicos, los fieles y ciudadanos tomemos parte activa en la limpieza de nuestros espacios públicos. Gracias a ellos, que donaron su tiempo, esfuerzo y espíritu servicial para hacer de nuestro entorno ecológico uno agradable y admirable.

Eizabeth Christner y Joshua Cooper, residentes de Oregon, miembros activos de la Guardia Nacional de ese estado, vinieron a tener cercanía con nuestras comunidades y ofrecer su solidaria ayuda. Estuvieron una semana entre nosotros. Trajeron ayuda material, víveres y artículos de primera necesidad que repartieron entre familiares, amigos y necesitados. Ellos reflejan lo mejor de la humanidad que se conmueve ante el dolor y la urgencia de auxilio de sus hermanos.  

Otros hermanos se unieron a ellos, representando organizaciones como Altrusa Internacional Hormigueros-Mayagüez, Club Leo Juvenil Sabana Grande y la comunidad eclesial. Unidos podemos lograr paulatinamente recuperar la normalidad y el entusiasmo por renacer, reconstruir, resurgir de la situación precaria que hemos padecido ante la debacle producida.

Necesitamos hombres y mujeres con el talante servicial de estos hermanos nuestros que optaron por dar lo mejor de sí mismos. Dejaron su comodidad y rutina placentera para estar entre quienes carecemos hoy de ello y aun de lo necesario.  Es tiempo de siembra, de fructificar. Dejemos las posturas negativas y las actitudes banales.

Emulemos a quienes deciden ofrecer su mano amiga. Repudiemos a quienes prefieren asumir posturas discriminatorias y pescar en río revuelto a costa del dolor y la aflicción de la mayoría de un pueblo herido y cargado de sufrimiento. Se edifica la patria amando sin reservas y aportando los talentos, capacidades y dones para lograr que Puerto Rico se ponga de pie.