Trigésima Octava Graduación Instituto Diocesano de Pastoral

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El domingo 13 de enero se celebró en el Obispado la Graduación de quienes completaron sus tres años de formación y de los fieles que realizaron el cuarto año. El Instituto Diocesano de Pastoral (IDIPA) fue iniciativa de nuestro primer Obispo, de feliz memoria, Mons. Ulises A. Casiano Vargas, que en paz descanse.

Junto a él el entonces Vicario General y de Pastoral en  las primicias de la diócesis, el recordado Mons. Francis López Mercado, en paz descanse,  se dieron a la tarea de dar forma a un programa de formación dirigido a concientizar a los fieles de su responsabilidad y compromiso eclesial.

Actualmente contamos con  el decidido apoyo del segundo Obispo, Mons. Álvaro Corrada Del Rio S.J. El Instituto sigue el mismo empeño y entusiasmo de brindar a los fieles de la diócesis las herramientas necesarias para vivir el compromiso del seguimiento de Cristo. En un ciclo de tres años son formados los fieles que acuden en Historia de la Iglesia, Sacramentos, Vida Cristiana. Tomamos como base el Catecismo de la Iglesia Católica. Ha dirigido el Instituto desde el retiro y posterior llamado a la eternidad de Mons. Francis López el  P. Rogelio Mur Aguilar O. Carm.

En este Año Extraordinario de la Misión, convocado por los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico, hemos de asumir  que somos bautizados y enviados a la misión. Para ejercer nuestra vocación cristiana es imperativo formarnos, profundizar en el conocimiento de nuestra fe católica. Es muy improbable que podamos vivir plenamente nuestro compromiso bautismal quedándonos solo con lo aprendido en la catequesis de Primera Comunión, que tristemente es la realidad de muchos bautizados.

Recuerdo que como parte de mi propia formación teológica el profesor que tuve de Dogma al referirse al modo de practicar muchos fieles su fe solía decir que se habían quedado en una fe infantil. Nos decía que encontraríamos ancianos que seguirían confesando en su vejez y ya cercana muerte que habían faltado el respeto a los mayores, cuando ya no hay personas mayores que ellos mismos. Ello es indicio de que nunca maduraron en su vida cristiana.

Es motivo de satisfacción y esperanza contemplar que contamos con fieles conscientes de la necesidad de conocer en profundidad su fe. La realidad social y eclesial, el hecho religioso hoy se vive de modo radicalmente distinto. El arraigo que en el pasado tuvo la dimensión religiosa hoy es inexistente. Mientras que las pasadas generaciones tuvieron un ambiente cargado de religiosidad, en nuestros días podemos afirmar sin temor a equivoco lo contrario, no hay referencia alguna a Dios, la fe, la dimensión religiosa de la vida. Más bien se pretende excluir a Dios y al hecho religioso de la vida pública, reduciéndolo a una práctica privada y carente de visibilidad en el ámbito y espacio social.

Hay fuerzas poderosas con gran inferencia política y económica a las que interesadamente les resulta conveniente hacer desaparecer toda dimensión religiosa, así pueden imponer su agenda a través de la manipulación mediática y el adormecimiento de las conciencias.

Es por ello apremiante ser católicos conscientes, comprometidos, valientes y testigos de que solo Jesucristo es Señor y Salvador, que no se nos ha dado otro Nombre en el que podemos tener salvación.