Undécimo aniversario de la partida a la Casa del Padre de Monseñor Romualdo Ortiz

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Hace 11 años, un 16 de noviembre partía del plano terrenal un sacerdote devoto, humilde y desprendido en su totalidad, Monseñor Romualdo Mariano Ortiz Vega. Un siervo de Dios a quien ya muchos llaman santo.

Maricao, el pueblo de las Indieras es custodio de sus restos mortales en su Templo Parroquial San Juan Bautista, lugar que anualmente recibe la visita de cientos de peregrinos para presentar sus respetos ante su tumba y rogar por favores que, a través de la intercesión de Padre Ortiz, como gustaba que le llamasen, sean concedidos por el Padre del Cielo. Cada año sacerdotes de la Diócesis de Mayagüez “suben a la montaña donde está el Señor” en dos ocasiones. Una de ellas es la conmemoración de su ordenación sacerdotal (3 de junio) y la fecha en que partió a la Casa del Padre. 

El viernes 16 de noviembre de 2018 la Parroquia San Juan Bautista de Maricao recibió nuevamente parte del clero diocesano y feligreses tanto de la Diócesis de Mayagüez, así como de otras partes de Puerto Rico para celebrar la vida y conmemorar la partida de Monseñor Romualdo a los brazos del Padre. En esta ocasión estuvieron presentes Padre Edgardo Acosta quien presidió la Santa Misa y Padre David Pérez, párroco de Maricao y quien junto a Padre Edgardo convivieron directamente con Monseñor Ortiz mientras eran sacerdotes en el pueblo de Rincón. A su vez le acompañaron Padre Gerardo Caraballo, sacerdote mayagüezano de ascendencia maricaeña y Padre Edward Acevedo quien es el postulante ante la Santa Sede del proceso de beatificación de este siervo de Dios y que tuvo a su cargo la homilía del día. Dos diáconos permanentes también se unieron al evento.

Las actividades del día dieron comienzo a las 6:30 AM cuando los Caminantes Matutinos del Rosario de Maricao rindieron homenaje frente a la tumba de Monseñor haciendo la actividad que más él disfrutaba, rezar el Santo Rosario. A las 10:00 AM se rezó nuevamente el Santo Rosario mientras el templo se iba llenando de hermanos para presenciar la Santa Misa. Fue muy emotivo el ver entre los asistentes un número considerable de familiares de Padre Ortiz provenientes desde Coamo, pueblo que lo vio nacer. Al filo de las 10:30 AM daba inicio la Santa Misa. Un ambiente mezclado entre lo solemne y lo festivo se apoderó del santo recinto mientras fluían naturalmente las descripciones y anécdotas que tanto identificaban a Monseñor Romualdo. El mensaje de Padre Edward, quien conoció a Monseñor mientras era apenas un muchacho en la etapa de discernimiento vocacional, se vio centrado en las características que ya califican para muchos la santidad de este sacerdote y que al ser el postulante de su caso de beatificación ha ido descubriendo. Entre ellas las principales eran la humildad y el desprendimiento y acorde con las lecturas del día dieron la oportunidad de recalcar la diferencia entre lo habitual del mundo y los dones de la santidad. Padre Edward enfatizó vehementemente el cómo lo que a los ojos de los hombres es una pérdida, ante los ojos de Dios y ante las personas que exhiben una vida santa es una total ganancia. Al finalizar la Santa Misa los sacerdotes y el pueblo pasaron a la tumba de Monseñor Ortiz y como ya es tradición entonaron la “Salve Regina”, himno gregoriano con el que Padre Romualdo expresaba todo su amor y devoción a la Santísima Virgen María.

Ciertamente el marco de esta celebración ha servido para que más y más personas descubran la vida y sigan el ejemplo de Monseñor Ortiz. Cada encuentro anual de esta índole ha sido instrumento de conocimiento y de familiarización con la santidad. El enriquecimiento de estos ha sido provisto por muchos hermanos, los que comparten sus encuentros personales con Monseñor tanto en estas misas como en los círculos de oración que ya se han establecido por toda la Diócesis.

Nos consta que Monseñor Ortiz llegó a un gran número de personas dentro y fuera de la Iglesia. Es por eso que continuamos exhortándole a que nos ayuden a continuar recopilando experiencias vividas con él para llevar un caso meritorio ante la Congregación para la Causa de los Santos en Roma. Cualquier feligrés que haya tenido una experiencia personal o por relato con este sacerdote le pedimos que en la medida de lo posible la traiga por escrito o se la haga llegar a Padre Edward Acevedo al Obispado de Mayagüez. Estos testimonios son la fuente principal de investigación y adjudicación de los casos de santidad. No tienen que ser relatos elaborados o extraordinarios, sino experiencias del diario común de personas que de alguna forma u otra fueron alcanzadas por el trato con el Monseñor.

Finalizamos esta nota con una invitación al pueblo de Maricao. Allí, en el Templo San Juan Bautista yace en su sepulcro un hombre, sacerdote, guía y amigo de muchos. Cada visita se convierte en una fuente de amor, paz y conocimiento de cómo se vive el amor de Dios, el amor a nuestra Madre y a la Santa Eucaristía.