Visita de la reliquia del corazón incorrupto de San Juan Vianney, Santo Cura de Ars, a la Catedral de Mayagüez

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La Catedral estaba regia con su recién estrenada restauración. Todos los trabajos supervisados y realizados por Monseñor Humberto López Bonilla y Carlos Pruna y su equipo, las incomodidades de semanas y meses, la labor incansable de las Hermanas de Nazaret y las manos santas que les ayudaron, fueron el preámbulo perfecto para la belleza que se vivió ese día en este sagrado recinto.

Los Adoradores Eucarísticos de la Catedral se prepararon con sus vestimentas blancas, las damas con sus mantillas. Todos con velas y flores formando una guardia de honor a lo largo del pasillo central como homenaje al paso de la exquisita urna dorada con la reliquia, escoltada por los Caballeros de Colón.

Frente al altar de Catedral, sede del Obispo, Monseñor Álvaro Corrada del Río, se había colocado un pequeño altar regiamente revestido en dorado y rojo, con hermosos arreglos florales y cirios. Ahí fue colocada la reliquia para la veneración de los fieles.

A pesar de ser un día laborable resultó verdaderamente impresionante la cantidad de feligreses, hermanos de diversas parroquias, grupos apostólicos y público en general que se hizo presente en el Sagrado Recinto. Fue muy acertada la organización diseñada por Monseñor Albino para el paso de los fieles frente a la reliquia pues las filas eran interminables. Era como un mar de gente que, con sus almas desbordantes de fe y de gozo (evidentes dones y frutos del Espíritu Santo), con el Domingo de Pentecostés aún permeando el ambiente, venía a contemplar aquel corazón incorrupto que tanto amo al Señor Jesús y al pueblo de Dios.

Entre rezos y cánticos al Sagrado Corazón de Jesús encomendamos al Papa, a los obispos y a todos los sacerdotes enfermos, vivos y difuntos al amor y la misericordia del Señor a través de la veneración a aquel corazón sacerdotal. Especialmente encomendamos a nuestro amado Obispo de Mayagüez, a nuestros queridos sacerdotes diocesanos, singularmente a nuestros sacerdotes de Catedral.

A las 7:00 pm nuestro Obispo ofició la misa concelebrada con un nutrido grupo de sacerdotes y diáconos. La Catedral, llena a capacidad. En su homilía, Monseñor Corrada del Río nos dio a conocer la realidad de aquel sacerdote sencillo, pobre, sin títulos universitarios, con poca capacidad intelectual, mas lleno y desbordante del amor hacia el Señor, a la iglesia, y, sobre todo al prójimo. Una aldea pequeñita de apenas 260 almas, un cura no tan brillante... y ¡cómo el Señor obró en un sencillo corazón para proyectarlo al mundo a través del tiempo y el espacio! Un corazón que comenzó a palpitar en 1786 y se detuvo en 1859, Tan lleno de amor, que el amor mismo, por la gracia de Dios, no le permitió degradarse en forma natural. Mantiene, a través de los siglos su mensaje del amor de Dios, su mensaje a todos los sacerdotes que viven la gracia y el misterio de los llamados por el Señor Jesús a seguirle y a entregar sus vidas y sus corazones al servicio de la iglesia y de los que quieren escuchar La Palabra de Dios hecha carne.

El amor y la bendición de Jesús, Sacerdote Eterno, se hacían sentir, inundaba el corazón de gozo en esa tarde y noche maravillosa que nos regaló el Señor a través de tan hermosa iniciativa. El corazón de Jesús, el de su Santo Cura, sacaron a flote la fe del pueblo de Dios, que persiste. Un pueblo que sufre, que ora, que ama a su iglesia y a sus sacerdotes santos. Esos que nos sostienen y alientan en las penas, enfermedades, alegrías y esperanzas; como las que cada uno de los asistentes llevaba en su propio corazón y dejaba frente al altar entre rezos, himnos, velas y hermosas flores.

La Iglesia del Señor Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se sigue manifestando como una fiesta continua de adoración y alabanza. Gracias, Señor por tanto amor y por tus bendiciones. Gracias, Señor por tus santos sacerdotes. ¡Sea por siempre bendito y alabado, el Corazón amoroso de Jesús Sacramentado!